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Resumen de Don Quijote: primera parte, capítulos 3, 4

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Capítulo 3:

"Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero"

Después de la cena, don Quijote va a la caballeriza y se pone de rodillas ante el ventero y le pide que le dé la orden de caballería y permiso para velar sus armas en la capilla. Con la sospecha de que don Quijote ha perdido el juicio, el ventero le sigue el juego y le dice que también tuvo sus propias aventuras de caballero cuando era más joven y que puede velar sus armas en el patio del "castillo", ya que la capilla está en obras.

El ventero le pregunta si trae dinero y don Quijote le responde que no porque nunca leyó en los libros de caballerías que traían dinero. El ventero le explica que era un detalle menor que los autores no mencionaron y le recomienda que además de dinero lleve encima camisas, ungüento para curar heridas y otros víveres necesarios.

Don Quijote pone sus armas sobre la pila en el patio para velarlas durante la noche, pero llega un arriero quien quiere darles agua a sus mulas. Tiene que mover las armas para acceder a la pila, pero a don Quijote le parece una falta de respeto que las toque y afronta al arriero. Éste no le hace caso y como resultado don Quijote le da un golpe en la cabeza con su lanza. Viene otro arriero a la pila por el mismo motivo y don Quijote arremete contra él también. Los compañeros de los arrieros comienzan a tirarle piedras a don Quijote por lo que se enfada aún más.

Para poner fin al conflicto, el ventero le dice a don Quijote que no es necesario velar las armas durante toda la noche y que ya hecho más que suficiente. Luego le hace una pequeña ceremonia para darle la orden de caballería. Don Quijote sale de la venta y el ventero no le cobra el alojamiento.

Capítulo 4:

"De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta"

Feliz por haber recibido la orden de caballería, don Quijote se dirige a su aldea para recoger los víveres que le recomendó el ventero y para reclutar a un labrador vecino para ser su escudero. En el camino, don Quijote escucha voces que vienen del bosque y se imagina que son de personas que necesitan su ayuda. En el bosque halla a un labrador dándole azotes a un joven de unos 15 años que se llama Andrés.

Don Quijote le dice al labrador que es un cobarde por reñir a quien no puede defenderse y el labrador le explica que le está castigando por no cuidar bien a su manada de ovejas y porque el joven dice que le debe dinero. Don Quijote le exige al labrador que le pague a su criado la deuda. El labrador le responde que Andrés tendrá que ir con él a su casa porque no trae el dinero que le debe. Sin embargo, Andrés no quiere ir con su amo porque dice que no es un caballero y que una vez que don Quijote se vaya, volverá a maltratarlo.

Don Quijote le responde a Andrés que igual puede ser un caballero dado que cada uno es hijo de sus obras. Confía en que el labrador le pagará, amenaza con volver si no cumple su promesa y sigue su camino. Tras su partida, el labrador vuelve a atar a Andrés al árbol y le da tantos azotes que casi lo deja por muerto.

Finalmente lo deja ir y le dice: "Llamad, señor Andrés, ahora--decía el labrador--al desfacedor de agravios; veréis como no desface aquéste".

Sin saber cómo terminó la historia de Andrés, don Quijote sigue su camino muy satisfecho y hablando a sí mismo alude a la idea de que alguien está escribiendo sobre él: "...tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería, y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio ...".

En su camino se encuentra con un grupo de mercaderes toledanos. Don Quijote les exige que declaren que no hay doncella más hermosa en el mundo que Dulcinea del Toboso. Los mercaderes le dicen que no conocen a Dulcinea, pero le piden que se la muestren para comprobarlo. Don Quijote les responde: "La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender".

Sin embargo, los mercaderes se niegan a hacer semejante declaración sin poder verla e insisten en que les muestre un retrato de ella y que aun si es tuerta de un ojo, por complacerlo dirán lo que él quiera. Por haber sugerido que Dulcinea podría ser tuerta don Quijote se ofende y arremete contra el mercader quien lo dijo, pero Rocinante se tropieza y los dos se caen. A don Quijote se le hace difícil levantarse por el peso de sus armas y los mercaderes huyen. Un mozo quien había observado todo el incidente rompe la lanza de don Quijote y usa un pedazo para darle palos. Pese a lo sucedido, don Quijote sigue feliz porque le parece una desgracia propia de los caballeros.

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